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sábado, 22 de septiembre de 2012

Ejercicio de Creatividad No. 2: Fortaleza de espejos

*Nota importante: Versión corregida por Juan Carlos del futuro [2015] en este enlace. 

Quisiera que estos inventos (¡Los ejercicios!) fueran uno por día, pero no creo poder exprimirle tanto juego a mi cerebro en tan poco tiempo.

Empezaré a nombrarlos como si fueran capítulos de un libro, dando así una muy vaga idea de lo que se podría tratar o incluir en ellos.

¿Fortaleza de espejos?- A menudo me gusta lo que pienso.

                                                                                         

Una especie de penumbra cubría como suave seda todo el entorno. En la perfecta oscuridad había un
Régis tenía los ojos cerrados.
Se mantuvo tranquilo y conciente de su entorno intentando descifrar el nuevo lugar al que había llegado. Sus piernas estaban cruzadas, con sus pies descalzos tocando el el suelo. Podía sentir la fresca madera en sus talones y solamente el aroma embriagante lo mantenía sereno. Su mano izquierda contenía a la derecha, ambas reposantes sobre su regazo. Con 10 minutos de total oscuridad (ni siquiera la luz era tan fuerte para atravesar sus párpados) empezó a sentir como lentamente sus sentidos se agudizaban. No estaba solo, una respiración fuerte pero calmada podía oírse a 4 metros de distancia. Solo dudas y más dudas se generaban en su cabeza. 


sentimiento de espantosa tranquilidad; el aroma del lugar tenía un pellico de madera quemada que era tranquilizante, aunado a un delirante dejo de olor a lirios que agudizaban las sensaciones más inverosímiles de los hombres.




"ni siquiera la luz era tan fuerte para atravesar sus parpados"
El tiempo ya no figuraba en su mente, no sabía si habían transcurrido 30 minutos o 3 horas; con el pecho en alto y respirando al compás de aquel otro individuo, emulando aquella tranquilidad que no sentía realmente; virtuoso y sereno se decidió a abrir los ojos. Una habitación tan amplia como refugio de guerra se presentó ante él. Las paredes eran de cristal y estaban tan anchas como una de concreto. El lugar estaba revestido de espejos que repartían la poca luz procedente de unos hoyos en el techo de piedra, los cuales estaban colocados estratégicamente y que muy apenas filtraban débiles rayos de luz. Eso bastaba para una iluminación tenue que generaba en Régis un estado de calidez en donde se sentía seguro.


Luego vio al hombre y espontáneamente dijo:
-Buenos días
Régis solo terminó su frase para encontrarse con aquello que él especuló correctamente, algo interesante se acercaba. El hombre, corpulento como un toro, se levantó de un brinco y por fin abrió sus ojos revelando así la ausencia de estos. Aquel fornido estaba completamente ciego, solo cuencas vacías podían apreciarse. 
Se hechó a correr hasta la pared más lejana, teniendo que evadir unas extrañas figuras; El ciego se se aventó a una carrera en la cual daba zancadas gigantescas gracias a su enorme estatura, pues aunque pesado, también resultó ser ágil. La aislada persecución empezó. Con un grito de guerra, aquel ciego vociferaba de tal forma que lograba que Régis sintiera pavor. La idea de morir estaba muy fresca en el aire."¡¿Cómo?!, ¡¿Qué?!" se preguntaba sin ver una salida a su mortal problema; le fastidiaba que solamente se podía ver él mismo entre las paredes de espejos, se sentía perdido; ayudándose de estos podía observar al sujeto sin gastar su tiempo en mirar atrás.
Ni puertas ni ventanas. Aquél recinto de la muerte estaba completamente desprovisto de alguna forma de salir, ¿Cómo había entrado entonces? Los techos, con pequeños agujeros del tamaño de puños no parecían indicar una respuesta. 3 días dan para mucho. ¿Sería posible haber construido ese lugar alrededor de ambos? Régis descartó la idea, sugiriendo que era más probable que solamente hubieran escondido
Aquel hombre comenzó a caminar en dirección a Régis de forma muy lenta y desesperante, como si no estuviera muy seguro. Las corrientes de aire que se producian en los hoyos del techo lo despistaban. Régis se aferraba al obelisco, lo apretaba con mucha ansiedad. Dejó de observar al ciego y agitando nerviosamente los dedos empezó a mirar a todos lados, como si buscara por primera vez aquella puerta, revisando muy bien cada esquina. Se pegó a a la pared Sur y empezó a caminar hasta el otro extremo, con los ojos bien abiertos intentando descubrir cualquier cosa que lo ayudara. Las estatus del lado Este  eran idénticas, eran de cristal transparente y con formas irregulares. Una tenía un diseño similar a un signo de interrogación y Régis se acercó a esa. 
No lo pensó y no lo dudó. Debajo de la parte curva de la figura, siendo esta la parte más delgada, Régis la golpeó con todas sus fuerzas. El ciego, quien estaba hasta el otro extremo giró bruscamente y corrió tras él. La figura se resquebrajó pero no se partió y Régis, quien ahora tenía el codo y parte del brazo con severas cortadas, golpeó de nuevo, ahora con su pierna izquierda. El ciego rodeaba un Obelisko (el más grande de todos) el cuál era su último obstáculo para llegar a Régis, bajó la velocidad y de nuevo volvió a caminar lento y desesperante. Con el pedazo de cristal puntiagudo en su mano buena e intentando no sentirse mal por sus extremidades sangrantes, lo esperó con paciencia.



-Buenos TARDES-Replicó, aún con los ojos cerrados y sin voltear a verlo.
-¿Cuánto llevo aquí?
-3 días
-Menos mal...
-Supongo que si quiero irme... bueno, será interesante, ¿no?

Entonces, de forma amenazante colocó un pie adelante; su cabeza apuntó exactamente a la de Regís y de haber tenido ojos, lo habría estado viendo fijamente Régis lo supo de inmediato, iba a lanzarse contra él. Sin 
darle la mínima oportunidad buscó con desespero en las 4 paredes del recinto una puerta de salida, sin hallarla. 


o reubicado la entrada. Rápido deseo haber tenido zapatos, con ellos habría golpeado las paredes
y con suerte revelar en ellos algo escondido. En aquel lugar había 12 obstáculos,  altas figuras de cristal
con formas muy abstractas. Llegó a una y observó el surrealista panorama; era divertido, los obeliscos 
eran transparentes pero eso no importaba, el asesino era ciego ¡No lo podría ver aunque lo tuviera enfrente!. Guardando el más agudo silencio veía através de las estatuas. El ciego se había colocado en medio de la fortaleza con la cabeza agachada. Régis sospechaba que seguramente estaba intentando oirlo cuando respirara. Con esa idea, empezó a respirar más lentamente. Con el poco tiempo ganado, fijó su vista
en el techo. Su vista solía pasarse de una cosa a la otra, cuidando que el ciego siguiera en su lugar.